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Archive for the ‘tecnologías inalámbricas’ Category

Nuevas declaraciones que se suman a la evidencia existente. En esta ocasión, os presentamos las declaraciones del Director asociado del “Programa Nacional de Toxicología del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE.UU.” John Bucher que afirma “… en general, creemos que los tumores son, de hecho, probablemente relacionados con las exposiciones a radiofrecuencias” tras un estudio llevado a cabo con ratas durante varios años.

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El Programa Nacional de Toxicología es parte del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos. Formado en la década de 1970, la misión declarada del programa es identificar productos químicos u otros agentes que podrían representar una amenaza para la salud pública.

El NTP actualmente está llevando a cabo un estudio de varios años, multi-fase, $ 25 millones de roedores que buscan los daños de salud asociados con los tipos de radiación de radiofrecuencia (RFR) emitida por su teléfono. En un movimiento sorpresivo el año pasado, el NTP optó por publicar “hallazgos parciales” después de concluir la primera fase de su estudio. En su resumen de esas conclusiones, el informe afirma: “Estos estudios encontraron baja incidencia de gliomas malignos en el cerebro y schwannomas en el corazón de ratas machos expuestos a RFR de los dos tipos … actualmente utilizados en las redes inalámbricas de EE.UU.

Hablando con los medios de comunicación después de que su programa publicó su informe, el director asociado de NTP, John Bucher , dijo : “En general, creemos que los tumores son, de hecho, probablemente relacionados con las exposiciones [RFR]”. Bucher tuvo que aclarar este punto varias veces porque, después de solicitar comentarios de expertos sobre las conclusiones de su programa, algunos críticos se opusieron al diseño ya las conclusiones del estudio.

 “Los resultados de nuestros estudios están lejos de ser definitivos”, dijo. Pero, añadió, ha habido un montón de “discusiones internas” sobre el estudio dentro del NTP, y “70 a 80 por ciento de las personas que miran este estudio sienten que hay una asociación significativa entre la radiación de radiofrecuencia y los tumores. “

En ese momento, la cobertura de los medios de comunicación del informe del NTP tendía a adoptar uno de dos relatos: que las conclusiones eran la confirmación de que las tecnologías inalámbricas eran peligrosas o que los resultados eran defectuosos y no aplicables a la forma en que las personas usan sus dispositivos.

Recordando todo esto un año después, Bucher dice: “La gente tomó cosas muy diferentes de los mismos hallazgos y la misma llamada”. Dice que esto ilustra cuán fuertes son los “sesgos” cuando se trata de los teléfonos celulares y la salud humana, y que un montón de puntos de venta que cubren los resultados de la NTP se perdió el punto.

 

Fuente: https://tonic.vice.com/en_us/article/j5q578/we-are-all-lab-rats-in-a-massive-cell-phone-study

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Aunque el artículo/documento que os presentamos a continuación tiene ya algunos años (5 años concretamente), no está de más rescatarlo en estos tiempos para saber y entender que en nuestro país, organizaciones de prestigio como es el Colegio Oficial de Médicos de Barcelona, comparten nuestras mismas inquietudes entorno a los riesgos que los CEM (campos electromagnéticos) están causando a la población y al planeta en general.

Agradecemos a nuestra colaboradora de Barcelona Montse el habérnoslo facilitado para su difusión.

Aquí os presentamos el capítulo correspondiente a los CEM traducido al castellano.

Y clicando aquí, podrás acceder al documento original completo.

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LAS RADIACIONES NO IONIZANTES Y LA SALUD

El ambiente se llena de radiaciones que, según la opinión de muchos científicos (y el firme apoyo de toda la industria de las telecomunicaciones), no son nocivas para nuestra salud, ni para el resto de organismos y el planeta. Sin embargo, cada vez hay más casos de la llamada “electrosensibilidad”, y varios autores y estudios se reafirman en la convicción de los efectos perjudiciales para los humanos y alertan especialmente en el caso de los niños.

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Como muchas otras personas que diariamente seguimos las noticias que relacionan la exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencias con problemas de salud, en los últimos días estamos siendo testigos de un aluvión de alertas de diferentes medios de comunicación que hacen eco del informe recientemente publicado por el Comité Científico asesor en radiofrecuencias y salud (CCARS).

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Asistiendo hace unos días a una de las muy interesantes jornadas que organiza el Instituto ISTAS (Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud) sobre toxicología, varios de sus ponentes nos recordaban lo difícil que es a todos los niveles proteger a la población correctamente de los riesgos públicos.

Las razones principales apuntaban a una diferencia intrínseca en la naturaleza del propio sistema legal y de sus sistemas reguladores, así como a la idiosincrasia propia de la industria, caracterizada por una velocidad asombrosa en introducir toda clase de productos y tecnologías en el mercado sin saber con seguridad sus riesgos.

Las limitaciones en las políticas de riesgos, se comentaba, eran cinco.

La primera era que la regulación en sí es costosa, lenta e ineficaz, pues aunque ya exista evidencia científica de que determinadas sustancias o tecnologías son peligrosas, la legislación no puede moverse tan rápidamente como lo hace la industria investigando, produciendo e introduciéndolas en el mercado.

La segunda es que las políticas no contemplan ni aplican el principio de precaución, a pesar de los numerosos instrumentos legales internacionales que lo recogen. El principio de precaución afirma que ante cualquier sospecha de que una tecnología o una sustancia pueda ser potencialmente dañina para la salud, su entrada en el mercado se debe restringir hasta que se pruebe su “inocencia”. Es decir, que no podemos esperar a que ocurran grandes catástrofes para legislar riesgos públicos.

La tercera es que sólo se legisla lo que se puede cuantificar. Así es como funcionaba la ley hace 100 años y así es como sigue haciéndolo.

La cuarta es que la ciencia misma no puede ofrecer la certeza que exige la ley al 100%. Y es lógico, pues la ciencia en general no es pura, y siempre hay excepciones. Esto es, la ley busca simplificaciones para crear reglas generales, y a la ciencia le es difícil generalizar pues cuando se estudian los casos concretos, los resultados en general son maravillosamente complejos y la ciencia no puede ofrecer certeza en casi ningún caso.

La quinta, es que cuando la ciencia llega a resultados no exactos pero de un alto porcentaje de riesgo, la ley viene dictada por la llamada “aceptabilidad del riesgo”, que es simplemente una forma elegante de valoración subjetiva respecto a una decisión puramente política. Es decir, quienes juzgan si se regula son quienes determinan que un número determinado de muertes es “aceptable”, puesto que lo que aporta dicha tecnología o producto es de gran conveniencia para la sociedad, o para el desarrollo económico, o para el propio partido que gobierna, etc etc. Hay tantos argumentos como opiniones.

En este contexto –pensaba yo para mis adentros, después de tres meses trabajando en la campaña ‘Escuela sin wifi’– es donde tenemos que lanzar nuestro mensaje. No importa que ya haya miles de estudios científicos que demuestran los riesgos de las tecnologías inalámbricas para la salud de los niños, no importa que varias decenas de organismos internacionales hayan instado a los gobiernos a que creen políticas públicas de protección respecto a estas tecnologías, no importa que el riesgo no sea cuantificable, y que como hay tanta “radiación de fondo”, los niños estén expuestos cientos de horas al mes a este potencial peligro, no importa que miles o millones de niños estén siendo expuestos a una tecnología que les hará desarrollar probablemente un cáncer dentro de 20 o 30 años.

Cuando tengamos los datos concretos de esa epidemia, entonces empezaremos a legislar. Mientras tanto, la industria gana millones, y vamos saliendo de la crisis..

Ante este panorama, sólo tengo esperanza en la sociedad civil. Quizás debamos dejar al ya oxidado aparato legislativo a un lado y empezar a tomar las riendas de nuestra propia vida.

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